
Recientemente visité Colombia y pude ver la manera en la cual entre el ruido de la ciudad y los trancones, ahora entran en el paisaje miles de Rappitenderos venezolanos sentados en los parques, las esquinas y los alrededores de los supermercados, todos esperando que les “caiga” un servicio para asegurar su ganancia del día. Ya no es raro escuchar en la ciudad palabras como chamo, pana o conchale.
La plataforma no tiene la cifra exacta de cuántos Venezolanos están trabajando con Rappi, estos números cambian cada día, es un trabajo formal que raya en la informalidad.
Rappi es una plataforma electrónica que aparece como la salvación de muchos inmigrantes que llegan buscando oportunidades laborales, sin embargo, se encuentran con una realidad que corresponde a un salario bajo, largas jornadas, ausencia de insumos básicos para desarrollar el trabajo y complejidad a la hora de realizar trámites administrativos.
Hablé con algunos de ellos y aseguraron que no tienen una vinculación laboral directa, trabajan como contratistas independientes, es una especie de convenio en el que ganan el 100% de la propina más un porcentaje del costo del domicilio que puede variar de $2.000 a $3.500 COP.

Samir González, un venezolano de 26 años, lleva 10 meses viviendo en Bogotá, manifestó que “el volumen de trabajo ha bajado porque “ya somos muchos haciendo domicilios”, y aseguró que todos los días ingresan nuevos empleados a la empresa de los cuales la gran mayoría son venezolanos.
Samir cambio el calor de Maracaibo por el frío de Bogotá, vive en el sur de la ciudad y tiene rentada una habitación con un venezolano que conoció mientras intentaba encontrar trabajo. Pasó de ser policía a repartir domicilios. Trabajaba en el Sebin, la policía de inteligencia de Venezuela, pero por manifestar sus opiniones contrarias al Gobierno se convirtió en enemigo de su institución. Sus compañeros intentaron en diferentes ocasiones acabar con su vida. “Cuando encontré una bombona de gas en el baño supe que era momento de irme, nos querían matar a mi hijo y a mí”, ese día puso a la venta su moto para comprar el pasaje y salir de su país.
Samir trabaja diariamente de 6:00 am a 10:00 pm, con el objetivo de ahorrar para lograr llevar a su mamá y a su hijo a Bogotá. Es padre soltero, la madre de su hijo decidió irse un día del país dejando atrás todo lo que podría dificultarle el camino hasta Chile.
Según Samir, cuando inició en la aplicación ganaba hasta $90.000 COP por día, sin embargo, en la actualidad lo máximo a lo que ha llegado son $40.000 COP por día.
Por su parte, Oscar Avendaño de Táchira, Venezuela, llegó hace año y medio a Colombia. No tiene papeles para poder trabajar legalmente, Rappi llegó a su vida como una salvacion ya que le ofrece una opción legal para sobrevivir. Aseguró que el número de Rappitenderos va cada día en aumento, “algunos nos echan la culpa a los venezolanos de la bajada en el trabajo, estamos tratando de sobrevivir y trabajar honradamente”.
Según Oscar, hace meses ganaba aproximadamente $80.000 COP diarios y le alcanzaba para pagar sus gastos en Colombia, enviar dinero para apoyar a su familia en Venezuela y ahorrar para pagarle el pasaje a su esposa e hijo. Sin embargo, en los últimos meses empezó a ganar alrededor de $35.000 COP diarios, “yo trabajo 10 o 12 horas y a veces sólo salen tres servicios, pero estamos acá para trabajar”.
Oscar era enfermero, perdió su trabajo porque el hospital no tenía presupuesto para pagar los salarios. Viajó solo a Bogotá y está ahorrando para poder pagarle el pasaje a su familia.

Una de las cosas que más me llamó la atención durante mi visita a Colombia, fue ver la zona rosa de Bogotá colmada de grupos de venezolanos sentados alrededor de parques y zonas comerciales, compartiendo su comida y esperando que les llegue algún pedido. La compañía les da facilidad ya que no requieren mayor papeleo o exigencias para desempeñar el trabajo. Sin embargo, para estos inmigrantes es un reto diario encontrar las direcciones en las que deben entregar los pedidos, “nos perdemos mucho, no conocemos bien, toca estar preguntando y uno trata de no usar el mapa del celular para no gastar el internet y a veces uno hace imprudencias porque tiene que entregar rápido el pedido”, aseguró Samir.
Hay que recalcar que ya se han registrado varios accidentes en los que hay domiciliarios de Rappi involucrados, cometen imprudencias para entregar los pedidos en el tiempo establecido, que es generalmente 35 minutos, y al no conocer la ciudad cometen infracciones que pone su vida en peligro.

Los Rappitenderos deben correr con los gastos extras que necesitan para desempeñar el trabajo, un celular smartphone, plan de datos, bicicleta, el maletín de domicilios y además se les sugiere contar con prendas que los identifique como trabajadores de la compañía. La gorra cuesta $7.000, la chaqueta $55.000, las maletas $25.000 y $95.000 la más grande. Por reglas de la empresa, deben portar al menos la maleta pequeña.
Pese a las dificultades, Oscar y Samir aseguran que continuarán trabajando con la compañía hasta que logren pagar el pasaje de Venezuela a Colombia para su familia, así mismo tienen la esperanza de conseguir en el futuro la residencia colombiana para tener acceso a mejores oportunidades laborales, mientras tanto continuarán luchando para reconstruir su vida lejos del régimen venezolano.

El legado que nos deja el chavismo familias divididas y profesionales haciendo oficios varios en otros paises
LikeLike